El sol es fundamental para la vida y nuestro bienestar.
En dosis adecuadas tiene efectos muy beneficiosos, ya que estimula nuestra salud física y mental, mejora nuestro estado anímico, porque equilibra nuestro sistema nervioso, sintetiza la vitamina D, previene el raquitismo y la osteoporosis (dado que favorece la absorción del calcio en los huesos), combate el cansancio, el estrés y la depresión.
Sin embargo, la sobreexposición puede presentar alteraciones en la piel: quemaduras solares (eritema), desequilibrios en la pigmentación favoreciendo la aparición de manchas, aceleración del envejecimiento cutáneo (fotoenvejecimiento), pérdida de densidad y elasticidad, alteración en el ADN provocando daños en las células madre y por supuesto el cáncer de piel.
Por eso es fundamental protegerse de los efectos de la radiación solar.











































