Además, también poseen un contenido biológico que se desarrolla durante el proceso de maduración y que dependerá del origen de la composición de la mezcla inicial.
Obtenido de los cauces de diversas corrientes de agua, principalmente de los ríos, el componente sólido mineral suele estar formado por cuarzos, calizas y arcillas, pudiendo considerarse como factores destacables los compuestos de silicio, aluminio, calcio, sulfatos, carbonatos y fosfatos, así como por cierto contenido orgánico formado por humus.

Según sus características, cada peloide es sometido a distintos procesos de impregnación, maceración o maduración en agua mineromedicinal con el objetivo de lograr la mayor homogeneidad y plasticidad posible.
Una ventaja que tienen en común todos los peloides, independientemente de su mezcla, es su muy bajo índice de enfriamiento, lo que permite su aplicación a altas temperaturas durante un tiempo prolongado.

Además, a este efecto termoterápico debe sumarsele otro: el efecto terapéutico producto del agua mineromedicinal de la que esté embebido.
Aunque lodo o fango sean los nombres con los que se los suele conocer más habitualmente, también los peloides (en inglés, “peloid”) reciben otras denominaciones, como por ejemplo: Boue, Gyttya, Limon, Lutum, Moor, Peat, Sapropel, Schlick, Seaweed, Torf o Termal Mud, entre otras.
La peloterapia

Derivada del término peloide, y definida en Hidrología Médica como la aplicación por vía tópica, general o local de fangos termales o peloides con fines terapéuticos, la peloterapia es una técnica efectiva y disponible dentro de la terapéutica termal desarrollada en balnearios, estaciones termales, spas y centros de talasoterapia especializados.
Además de ser agentes terapéuticos, y dadas sus propiedades dermocosméticas, los peloides termales también son muy utilizados en distintos tratamientos estéticos, donde han demostrado ser un recurso tan natural como efectivo. Precisamente, dos condiciones muy valoradas en el mercado actual.